Matrimonio exitoso: vocación, amor y virtudes
Por: Lic. Teresa Arvizu
La vida de todo individuo debe cumplir con un fin: la felicidad.
La felicidad de cada ser humano se basa en el cumplimiento del estilo de vida que ha escogido según la vocación: matrimonio, vida religiosa o celibato.
Así, el primer requisito para encaminarse al matrimonio es la vocación, el llamado para realizar la tarea natural de la procreación y perpetuación de la especie humana.
Para desarrollar esta tarea se necesita una pareja consciente de la importancia de su unión en lo se refiere a los hijos y su educación, o sea, debe haber común acuerdo en tenerlos y en la necesidad y forma de educarlos.
La tarea educativa debe basarse en el amor, pues la educación será sobre seres humanos, dignos y trascendentes por naturaleza. De aquí tomamos el segundo requisito para llegar al matrimonio: el amor.
No se puede concebir una familia unida y feliz si no se forma el matrimonio por medio del amor para la unión y felicidad. Inclusive si la naturaleza niega la descendencia, el amor permite que la pareja permanezca unida ayudándose mutuamente, aunque con la posibilidad de ofrecer su estabilidad familiar a niños huérfanos o abandonados, a través de la adopción.
El matrimonio para ser exitoso debe ser para siempre, pues así lo amerita la formación de los hijos.
La duración es lo que puede causar temor en muchas parejas, por lo que atrasan lo más que se pueda la fecha para iniciar la unión permanente.
Y es que convivir en pareja lo que resta de vida parece una empresa imposible de realizar, sobre todo si el carácter de los cónyuges no ayuda al momento de compartir y resolver problemas. Para evitar el individualismo egoísta hace falta cumplir el tercer requisito: practicar las virtudes.
Sin olvidar la propia personalidad, la práctica de la virtud fortalece la capacidad de compartir lo propio con la pareja y ayuda a mantener la unión a través de los años, incluso si el amor no es el igual al del inicio del matrimonio.
Las principales virtudes que se aconsejan son la prudencia, la fortaleza, la templanza y la justicia. Si se practican desde antes del matrimonio es mejor, porque cuando ya se es una persona virtuosa es más fácil comprender y apoyar a la pareja y a los hijos.
Obviamente, cada uno de los tres aspectos tratados representa por sí solo un tema por desarrollar, de aquí la importancia de conocerlos a fondo antes de tomar la trascendental decisión de unirse para toda la vida, decisión que debe respetarse y mantenerse con todas sus consecuencias.
Es importante mencionar que debemos encaminar la voluntad para cumplir con estos consejos. Si nuestra capacidad intelectual los muestra como probables factores de éxito matrimonial, lo lógico será que queramos adoptarlos para esperar que nuestra unión resulte feliz y duradera.
En resumen, estos tres sencillos requisitos (vocación, amor y virtudes) pueden establecerse como el fundamento para conseguir un matrimonio estable, hijos exitosos y una familia feliz.
Licenciada en Filosofía, actualmente encargada de esta licenciatura en Universidad ICES
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